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El vía
crucis de 'Pagaza'
Joseba
Pagazaurtundua se enfrentó al acoso y las amenazas radicales con todas sus
fuerzas, tanto en su trabajo como desde su militancia socialista
ÓSCAR B. DE
OTÁLORA./SAN SEBASTIÁN
«La
agrupación socialista de Andoain sigue funcionando por cinco personas, y una de
ellas era 'Pagaza'. Él subía la persiana a las once de la mañana y la bajaba a
las siete», recordaba ayer Estanis Amutxastegi, concejal del PSE e íntimo amigo
de Joseba Pagazaurtundua. Abrir la verja metálica que protege la sede socialista
supone un gesto de esperanza en un pueblo en el que los socialistas viven como
los judíos en la Alemania nazi, según su propia descripción.
Militante hasta la médula del PSE y de Basta Ya, Joseba sabía perfectamente lo
que significaba ese desafío de libertad, pero lo sufría con mayor intensidad que
otras personas. «Ha soportado un auténtico vía crucis hasta que lo han matado», recordaba ayer un amigo. Como jefe de la Policía Municipal trabajaba a las
órdenes del alcalde de Batasuna, Joxan Barandiaran, quien no condenó ni uno sólo
de los repetidos ataques que sufrió su subordinado y, por supuesto, tampoco su
asesinato. Los dieciséis policías locales también guardaron un silencio
sepulcral sobre el crimen.
Nacido hace 45 años en Hernani, Joseba Pagazaurtundua nunca perdió ni el coraje
«ni las ganas de pelear por la libertad y las ideas de izquierda». «Era un
luchador antifranquista. No podía abandonar», rememoraba Amutxastegi. Una de sus
últimas iniciativas consistió en buzonear por el pueblo un panfleto en el que
pedía a los vecinos apoyo a los amenazados.
'Pagaza' conocía mejor que nadie cómo, en Andoain, una vida normal se convierte
en un infierno por el simple hecho de enfrentarse a los violentos. A finales de
agosto del pasado año, plantó cara a una treintena de simpatizantes de Batasuna
que intentaban empapelar la sede socialista con carteles con el lema
«precintado», imitando el cierre de las sedes de la coalición abertzale dictado
por Garzón. En aquella ocasión le aporrearon con un palo de escoba, agresión que
sólo se detuvo ante la llegada de la Ertzaintza.
Constantes ataques
La paliza era la culminación de constantes ataques. El 9 de marzo de 2001, un
grupo de encapuchados intentó incendiar su casa con cuatro 'cócteles molotov'
que alcanzaron la terraza. Seis meses después, los violentos quemaron su coche.
Las calles de Andoain estaban empapeladas con carteles contra su persona y cada
vez que salía a pasear tenía que soportar una lluvia de insultos.
Bajo este acoso se escondía algo peor. En 1997, las fuerzas de seguridad
detuvieron a un informador del 'comando Donosti' que se había dedicado a
facilitar información a los pistoleros para que le matasen. Por motivos de
seguridad, Pagazaurtundua fue trasladado a la comisaría de la Ertzaintza de
Laguardia y se fue a vivir a la localidad alavesa de Navaridas. En 1998, a raíz
de la tregua de ETA, 'Pagaza' fue destinado de nuevo a Andoain. Según sus más
allegados, el Departamento de Interior consideró que su vida ya no corría
peligro por el alto el fuego. Los portavoces de la consejería aseguran, sin
embargo, que él mismo decidió no pedir una prórroga del traslado.
La ruptura de la tregua volvió a cambiar la vida de Pagazaurtundua. En mayo de
2000, ETA asesinó a su amigo y vecino José Luis López de Lacalle. Fue testigo de
la huida del asesino, el etarra José Ignacio Guridi, y el año pasado declaró en
la Audiencia Nacional contra el pistolero. A raíz de este atentado, empezó a
solicitar bajas para evitar las rutinas y mejorar su seguridad. Sus dos hijos,
de 13 y 9 años, también comenzaron a sentir la amargura que acompaña al terror.
Hasta que le quemaron el coche era habitual que les llevase al colegio con sus
compañeros de clase, para así ahorrar el viaje a los otros padres. Tras el
sabotaje, 'Pagaza' tuvo que pasar el trago de decir a los amigos de sus hijos
que no les llevaría más, puesto que no podía garantizar su seguridad.
Desde entonces sus dos niños comenzaron a viajar solos. El mayor al colegio de
Ondarreta de San Sebastián y a los entrenamientos del equipo de fútbol
Euskalduna de Andoain. El pequeño, a uno de los colegios del pueblo. Su mujer,
Estíbaliz -que trabaja como limpiadora en el hospital Donostia de San Sebastián
y ayer le acompañó en su última agonía-, era testigo del dolor que sentía Joseba
por la vida a la que debían enfrentarse sus hijos.
Este no era el futuro por el que llevaba años luchando. Fue militante de la CNT
en la Transición, desde donde pasó a Euskadiko Ezkerra y luego al PSE-PSOE. En
este partido se reunió con sus hermanos -Maite, ex parlamentaria y concejal en
Urnieta, e Iñaki, también policía local en Andoain-, que ya tenían el carné
socialista.
De la CNT a la Policía
Su ingreso en la Policía Municipal, a finales de los setenta, sorprendió a sus
amigos del colegio, que le recuerdan como «algo 'anarco' y muy despierto». Una
de sus primeras acciones fue una misión casi épica para una pequeña fuerza
local. Mediante largas investigaciones consiguió desmantelar una trama de
ultraderecha, con vínculos con el Batallón Vasco-Español. Dos hombres ingresaron
en prisión acusadas de matar a cinco personas.
En 1990 dedicó todas sus fuerzas a acabar con una red que traficaba con drogas
en la comarca. Su esfuerzo personal dio sus frutos y consiguió detener al jefe
de la red. El arresto tuvo lugar en Hernani y fue muy violento. El traficante le
rompió la nariz a puñetazos y él le disparó con su arma reglamentaria,
hiriéndole. A raíz de estos hechos, el alcalde de Hernani, el miembro de
Batasuna Agustín Ezponda, pidió que se investigara la actividad de
Pagazaurtundua y le recriminó el uso del arma.
«No soportaba las injusticias. Su pérdida es terrible», se dolía Amutxastegi.
Los militantes socialistas de Andoain, que volvieron a contener su rabia como
otras tantas veces, se preguntaban ayer quien sustituirá a 'Pagaza' para que la
persiana de su sede no se cierre.
Transcripción de las
cartas de Pagazaurtundua a Balza,
ministro
de interior del Gobierno Vasco
PRIMERA CARTA
Andoain. 14 de septiembre de
2001
Señor consejero
de Interior,
Soy Joseba Pagazaurtundua Ruiz, jefe de la Policía Municipal de Andoain. Por si
mi nombre no le dice nada, voy a darle unos cuanto datos. Hace diez años, tras
haberme pinchado las cuatro ruedas del coche me quemaron el vehículo.
A finales de 1994
me informan que desde la dirección de ETA ordenan preparar un atentado contra mi
persona. En marzo de 1995, me incorporo a la Ertzaintza en la comisaría de
Laguardia en comisión de servicios. A finales de 1998 se me comunica la
finalización de la comisión de servicios y la vuelta a mi plaza en la jefatura
de la Policía Municipal de Andoain. ETA está en tregua.
En 1999 me
incorporo a mi trabajo en el Ayuntamiento de Andoain. Coincide esta
reincorporación con la entrada en la Alcaldía de Andoain de Euskal Herritarrok.
Trabajo unos meses, y entre amenazas y agresiones verbales cojo la baja laboral
casi a finales de 1999. Como era de prever, ETA rompe la tregua. Vivo en Andoain.
En mayo de 2000
asesinan en Andoain a un íntimo amigo [en referencia al columnista de EL MUNDO
José Luis López de Lacalle]. Alterno períodos de baja laboral con breves
períodos de trabajo. La información que acabe con mi vida puede salir del mismo
Ayuntamiento.
En marzo de 2001
atacan mi domicilio con cócteles molotov. La reivindicación es harto elocuente:
chivato de los txakurras, represor, etc. En septiembre de 2001 queman mi coche.
No ha sido reivindicado todavía.
Las anteriormente
citadas breves notas no son más que una somera semblanza de la situación que
vivo. Puede usted hacerse cargo de que no es nada sencilla la supervivencia de
este ciudadano vasco. Por otra parte, tengo sobrados motivos para pensar que ETA
puede andar tras mis pasos y me extraña que tras la caída del Comando Donostia
no haya salido nada referente a mi persona o entorno (por lo menos ustedes no me
lo han notificado).
Puede que lo
expuesto en la presente se la traiga floja. Quizá crea que usted tiene sobrados
motivos para ignorar lo que me pasa. Pero este ciudadano vasco cree que la
Consejería de Interior de su gobierno tendría que ocuparse y preocuparse por su
situación.
Por favor, no me
conteste lo que algunos mandos de la Ertzaintza ya me han espetado en algunas
ocasiones: no te dejes ver tanto, en alusión a mi militancia ante ETA. Lo que
espero es algún tipo de solución práctica. Por lo menos que me digan lo que
saben sobre los riesgos que puedo correr. Que me participen lo que ustedes saben
a través de los materiales capturados al Comando Donosti.
Señor Balza, en
definitiva, lo que solicito es que sea legal en lo concerniente a mi persona por
parte de su departamento, que parece que me temen como a un nublado. Espero y
deseo que lea esta epístola de forma sosegada, que se informe y me aporte alguna
solución a los problemas que con tanta gravedad y urgencia me rondan.
Sin más, se
despide atentamente a la espera de respuesta, Joxeba Pagazaurtundua"
SEGUNDA CARTA
En una segunda
carta, sin fechar, el asesinado reflejó una situación de mayor desesperación:
"Soy Joseba Pagazaurtundua Ruiz, ex agente 00201 de la Ertzaintza. Cada día veo
más cerca mi fin a manos de ETA. Soy consciente de mi PRESENCIA no comunicada en
papeles del 'comando Buruntza'. Y soy asimismo consciente de otros datos
relativos a un familiar próximo del mismo comando y tampoco han sido
comunicados. Me la trae floja que usted y sus secuaces, los que me maltrataron y
amenazaron con pasar información al respecto de mi persona a ETA me hagan caso.
Ojo, tal vez
usted no sepa que personas a sus órdenes me amenazaron en instalaciones de la
Ertzaintza, en la plaza Easo de Donostia, con pasar información a ETA a través
de HB sobre mi condición de colaborador de las fuerzas de seguridad del Estado.
Tal vez usted no
haya oído las cintas amenazadoras ni sepa más de mi condición de colaborador de
cualquiera que esté contra ETA. Le sugiero que consulte mi historial. Me he
jugado el pellejo contra ETA colaborando con la Ertzaintza hasta límites tales
como ceder mi casa para no se qué cosas en Hernani.
Pero que nadie
pensara y lo he manifestado siempre que yo colaboraría con otros cuerpos
policiales contra ETA. Es más, estando en la Ertzaintza, como suboficial y
asumiendo mi responsabilidad por encima de la media, no he engañado a nadie
sobre mis ideas, al contrario que muchos traidores y tiralevitas de su partido".
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